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¿Cuánto tiempo le dedicamos a la oración?

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Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”, Efesios 6:18. “Orad sin cesar”, 1 Tesalonicenses 5:17.
En la Palabra de Dios, hay muchos ejemplos de hombres que oraron a Dios.
Tenemos el caso de Moisés, quien oró durante cuarenta días, pues Dios había dicho que destruiría al pueblo de Israel. “Me postré, pues, delante de Jehová; cuarenta días y cuarenta noches estuve postrado, porque Jehová dijo que había de destruir”, Deuteronomio 9:25.
Tenemos el caso de la oración del profeta Samuel, el cual, oró a Dios en un momento de tristeza. Pues el Rey Saúl no había obedecido en nada a las palabras de Samuel, fue por eso que el profeta oró a Dios toda una noche. “Y vino Palabra de Jehová a Samuel, diciendo: Me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y se apesadumbró Samuel, y clamó a Jehová toda aquella noche”, 1Samuel 15:10, 11.
El profeta Elías, oró fervientemente para pedir a Dios por un milagro, de esa forma Dios hizo el milagro y resucitó al hijo de la viuda, la cual había solicitado al profeta su ayuda. “Él le dijo: Dame acá tu hijo. Entonces él lo tomó de su regazo, y lo llevó al aposento donde él estaba, y lo puso sobre su cama. Y clamando a Jehová, dijo: Jehová Dios mío, ¿aun a la viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido, haciéndole morir su hijo? Y se tendió sobre el niño tres veces, y clamó a Jehová y dijo: Jehová Dios mío, te ruego que hagas volver el alma de este niño a él. Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él, y revivió”, 1Reyes 17:19-22.
Uno de los ejemplos bíblicos de la oración es la del profeta Daniel, el cual oraba a Dios tres veces al día, pues intercedía por el pueblo de Israel, el cual se encontraba en cautiverio. “Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes”, Daniel 6:10.
El Apóstol Pedro, también estaba habituado a la oración, pues dice el libro de los Hechos, que el subía a orar a la azotea, fue en una de esas oraciones cuando Dios le revelo el ministerio a los gentiles. “Al día siguiente, mientras ellos iban por el camino y se acercaban a la ciudad, Pedro subió a la azotea para orar, cerca  de la hora sexta”, Hechos 10:9.
Sin ninguna duda el mejor ejemplo de humildad y dependencia de Dios, es el mismo Jesús, ya que, el jamás recibió honra y gloria de hombres, pues siempre se alejó a los montes a orar en secreto, de esa forma, podía vigilar y permanecer en una comunión perfecta con el Dios Padre.
“Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35). “Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar; y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra” (Marcos 6:46, 47). “Pero su fama se extendía más y más; y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades. Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba” (Lucas 5:15). “En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios” (Lucas 6:12). “Aconteció que mientras Jesús oraba aparte, estaban con Él los discípulos; y les preguntó, diciendo: ¿Quién dice la gente que soy yo?” (Lucas 9:18). “Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró” (Lucas 22:41).
Sin duda alguna, la oración es parte esencial en el hijo de Dios, ¿Pero es habitual en nosotros? ¿Tenemos una disciplina de oración? ¿Consideramos consultar a Dios, en cada situación de nuestras vidas?
Todos los ejemplos bíblicos que hemos visto, nos enseñan que estos hombres dependieron en todo los aspectos de la voluntad de Dios, ninguno tomó una decisión de suyo propio, sino que la oración, fue la actitud inmediata de los hombres de Dios. Por lo tanto, si usted quiere ser un hombre y una mujer de Dios, debe de orar constantemente y sin desmayar.
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